Un café con letras

Mucho han cambiado las cafeterías de antaño comparadas con las de ahora, en las que los grupos de amigos apenas conversan porque se comunican mejor por redes sociales o por mensajería instantánea. En el siglo pasado eran el punto de reunión de escritores que no sabían que iban a llegar a ser ilustres, en donde se gestaban desde nuevas novelas a acciones políticas que hacían vibrar el día a día. En la actualidad, algunas han mantenido ese aire bohemio que nos dejan con la boca abierta.

Madrid entre tertulias

Comenzamos la ruta en la capital por los principales cafés que han visto crecer a máximos exponentes de la literatura, de antes y de ahora. Entre restaurantes hindúes, helados de baobab y comida turca, nos encontramos con uno de los de antes, donde Mario Vargas Llosa pasó alguna de sus tardes y se inspiró para sus ‘Travesuras de niña mala’. El Café Barbieri, en la esquina de la calle del Ave María con la Travesía de la Primavera, no ha cambiado demasiado en 100 años: espejos en las paredes, mesas de mármol y un ambiente que huele a novelas, a tertulias de todo tipo de temas y a música en directo.

En el Café Barbieri – Claudio Gabis + Marcelo Champanier

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Uno de los más conocidos, además del mítico y desaparecido Café Comercial, es el Gran Café Gijón. Nos topamos con él caminando por el paseo de Recoletos y nos llama la atención ver sus sillones rojos a través de la ventana. Allí han estado creando ideas novelistas como Benito Pérez Galdós, Ramón Gómez de la Serna o Valle-Inclán entre muchos otros. Este lugar se fundó en la primavera del 1888 y desde el principio se ha citado en numerosos libros e incluso ha sido pintado por prestigiosos artistas. A día de hoy sigue acogiendo a soñadores que intentan convertir sus obras en una realidad.

Café Gijón cc flickr Manuel
Café Gijón. /CC Flickr Manuel

Salamanca, ciudad de cultura

A poco más de 200 kilómetros llegamos a una de las principales obras de arte de Churriguera, la Plaza Mayor de Salamanca. La cantidad de nuevos locales que han plagado los soportales no le hacen la competencia al tradicional Café Novelty. Conocido por los extranjeros por sus helados, pero más famoso aún si cabe por ser el punto de reunión de personajes únicos en nuestra historia de los libros. El suelo de damero y la decoración art noveau no quitan protagonismo a un Torrente Ballester para el que no pasa el tiempo.

Se fundó en 1905 y ha sido un enclave fundamental de la vida social, política y cultural. Desde que José Ortega y Gasset acudía a su tertulia diaria para que después siguieran escritores del siglo XX como Carmen Martín Gaite o Francisco Umbral.

¡Desde Salamanca con mi helado de Kinder Bueno os deseo un feliz puente! 🎉

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El Bilbao de las letras

Los pintxos de la barra del Café Iruña en Bilbao son de las pocas cosas que han evolucionado desde 1903, cuando abrió sus puertas por primera vez. Se encuentra frente a los Jardines de Albia que invitan a pasear, para finalmente tomarse aquí uno de sus famosos pinchos morunos a la brasa. Los techos de artesonado policromado te harán mirar hacia arriba, como imaginamos que le pasó a los vascos Pío Baroja o Miguel de Unamuno, que frecuentaban este lugar. Su decoración mudéjar en los 300 metros2 de planta ha sido testigo de citas entre poetas y de centenares de encuentros políticos.

Café Iruña. /CC Flickr lisa eeeeee

Café Iruña. /CC Flickr lisa eeeeee

Ambiente parisino en la Barcelona del siglo XIX

Viajamos hasta la Ciudad Condal para visitar Els Quatre Gats, situado en la calle Montsió, 3 y diseñado en su momento por el arquitecto Puig i Cadafalch. El establecimiento fue inaugurado el 12 de junio de 1897 inspirado en el cabaret parisino Le Chat Noir. La comida a buen precio amenizada por la música de piano eran los alicientes principales para acudir a esta cafetería. Rubén Darío fue uno de los conocidos que pasaban horas en este lugar.

El barcelonés Santiago Rusiñol y Prats acudió a muchas tertulias en esta café, donde también se hacían espectáculos de sombras chinas y de marionetas. Este establecimiento se convirtió en el alma del sentimiento artístico barcelonés.

Els Quatre Gats

Imagen cedida por Restaurant 4 Gats.

 

Los escritores noveles suelen visitar estos cafés con la esperanza de que las musas, que tantas veces han paseados entres sus mesas, les toquen con la varita de la inspiración. Los visitantes más profanos quizás no nos sentemos a tomar un café con libreta y pluma en mano, pero bien podremos disfrutar de la arquitectura y el ambiente y, por qué no, nos imaginemos debatiendo con Gómez de la Serna o Miguel de Unamuno.

Imagen de portada cedida por Restaurant 4 Gats.