¿En qué se parecen una plataforma para licuar gas en alta mar, 100 Boeing 747 y cuatro Titanics?

Se está construyendo, pero hasta dentro de cuatro años no veremos el objeto flotante más grande del mundo. Será una plataforma para extraer gas natural, licuarlo, almacenarlo y traspasarlo en alta mar a barcos metaneros que lo trasladen a estaciones de regasificación en tierra. Tendrá el mismo peso que 1.000 aviones Boeing 747 (unas 200.000 toneladas de acero) y una longitud tres estadios de fútbol. Repsol también ha proyectado un barco similar para operar en aguas profundas de Brasil: su diseño especial resistirá olas de hasta 3,5 metros y vientos de 90 kilómetros por hora, y trabajará en profundidades cercanas a los 2.200 metros.

El 1 de noviembre de 2009, la noticia estrella en los medios de comunicación de todo el planeta fue el viaje inaugural del Oasis of the Seas, el barco de cruceros más grande del mundo, con 225.000 toneladas de peso, 361 metros de largo y capacidad para 3.600 pasajeros. Hasta ahora es el objeto flotante más grande del mundo, aunque su reinado acabará en tres o cuatro años, cuando se bote el primer barco de FLNG (Floating Liquefied Natural Gas, o Gas Natural Licuado Flotante). Será una plataforma móvil desde la que extraer gas natural en alta mar y almacenarlo tras someterlo a licuación.

La licuación y posterior conversión del gas en GNL se consigue en una instalación industrial levantada en el casco del barco, enfriando el gas a una temperatura de -160 grados centígrados tras extraerle el CO2 y los elementos líquidos, como propano y butano. Con todo, será la estructura flotante más grande que haya surcado los mares, con un casco que tendrá una altura equivalente a un edificio de 12 pisos, una longitud igual a tres campos de fútbol  y un peso igual al de 1000 Boeing 747 (o 25 Torres Eiffel). Sobre esta estructura flotante se levantará toda una planta de licuación súper avanzada tecnológicamente.

Construir un monstruo así requiere ser un buen ingeniero… y un buen marinero. Como dice Silvia Pérez, la marinización es uno de los retos a la hora de diseñar una planta offshore. Para que todo funcione bien, desde las torres de destilación hasta los tanques de almacenamiento, es necesario conocer el medio marino y estudiar las características de las zonas en las que operará la plataforma.

Así, se analizan los vientos, las corrientes, las olas… El diseño de la estructura de la plataforma debe tener en cuenta las oscilaciones, inclinaciones y cabeceos del barco para hacer que los equipos funcionen a pleno rendimiento, tal y como lo harían sobre tierra. En el caso de Repsol, la plataforma que está diseñando el Centro de Tecnología Repsol para operar en aguas brasileñas es capaz de resistir olas de hasta 3,5 metros de altura y vientos de 90 kilómetros por hora.

Para acometer todos los retos tecnológicos que supone montar en alta mar una planta para licuar gas natural, es necesario asegurarse de que la base resistirá “carros y carretas”. Por eso se construyen modelos a escala y se les llena de sensores para someterles a prueba en una piscina de olas en la que se reproducen exactamente las condiciones metoceánicas. Así, se validan determinados aspectos que servirán para construir el gigantesco casco del barco y la no menos impresionante fábrica sobre la cubierta. Y eso será algo que analicemos en un próximo post.