¿Qué es un supercomputador y para qué sirve?

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Hubo un tiempo en que los ordenadores ocupaban una habitación entera. Después, con la llegada de los transistores y los circuitos integrados -los microchips-, los computadores comenzaron a reducir su tamaño hasta entrar en el salón de casa, nuestro teléfono, nuestro reloj… y quién sabe qué nuevas aplicaciones. Pero, en paralelo a esta paulatina disminución en el tamaño, una parte del mundo científico se planteó volver al tamaño inicial: “¿Y si juntamos un montón de ordenadores en una habitación?”, se preguntaron. Así surgieron los supercomputadores, máquinas prodigiosas capaces de resolver cálculos hasta ahora inimaginables.

En este punto, conviene aclarar que un supercomputador no es un ordenador como el que estás usando ahora pero en versión agigantada. Funciona de una manera completamente diferente. Tu computador personal, al igual que el ordenador del coche o el procesador de tu móvil, procesa los datos en serie. De uno en uno, tal y como lo pensó el padre de todo esto, el genio matemático Alan Turing.

El problema con este tipo de procesamiento es que, llegados a un punto, el proceso se ralentiza ¿Alguna vez te has desesperado porque tu ordenador tarda en abrir un programa? ¿O te has cansado de ver el clásico reloj de arena esperando a guardar una imagen con demasiada resolución? Aunque nuestras máquinas son cada vez más potentes, siempre llegará un punto en que el sistema en serie se vea sobrepasado.

SupercomputadoresLa suerte es que la tecnología ha puesto ese límite a una altura tremendamente elevada así que, salvo que seas un científico en busca de analizar cantidades ingentes de datos o debas resolver un problema del calibre de un atasco de tráfico en una megaciudad, es más que probable que te baste con tu ordenador personal. En el caso contrario, lo mejor es que te pases a un supercomputador.

La principal diferencia con las máquinas de casa es que los supercomputadores trabajan en paralelo. Un símil: el ordenador personal actúa como un autobús que hace paradas en cada pueblo hasta llegar al destino, una a una. Un supercomputador es una flota de autobuses que traslada a cada viajero directamente y, encima, usa una carretera por pueblo. Todos llegarán casi al mismo tiempo.

¿Y para qué sirve tener semejante máquina?

Las aplicaciones son tantas como variopintas: simuladores para comprobar cómo se comportará un medicamento en nuestro cuerpo, calculadoras que predicen el clima de dentro de veinte años, gestores de datos que convierten a los semáforos de una ciudad en un cerebro que piensa al unísono…

En Repsol no permanecemos ajenos a las posibilidades que ofrece la supercomputación. Colaboramos  desde hace tiempo con Marenostrum, el superordenador alojado en el Barcelona Supercomputing Center-Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS), uno de los más potentes de Europa. Gracias a su capacidad de procesamiento, que permite realizar 1.100 billones de operaciones por segundo (1,1 petaflop), hemos podido diseñar algoritmos que hasta nos han permitido diseñar la mejor estrategia para la producción de petróleo, consiguiendo así una mayor eficiencia.

En la actualidad existe una auténtica carrera por crear el mayor supercomputador del mundo, similar a la que existe con los rascacielos. Por el momento, el primer puesto del ranking lo ocupa The Sunway TaihuLight, fabricado en China, y que es capaz de realizar 93 cuatrillones de cálculos por segundo. De algo le tenían que servir sus 41.000 chips y 260 procesadores.